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jueves, 10 de noviembre de 2016

Baroja y "El árbol de la ciencia"


Resultado de imagen de baroja pío en valencia





Estos días hemos leído "El ábol de la ciencia", que junto con "Niebla", de Unamuno, que ya conocíais, os ha permitido tener una idea cabal de lo que os he explicado en clase acerca de las novedades de la novela del 98. Aquí os dejo el enlace del que os he hablado. Miradlo tranquilamente en casa y después lo comentaremos.
Un saludo.    


miércoles, 25 de mayo de 2016

"Hijo de una limpiasuelos": una ayuda para el comentario


Hijo de una limpiasuelos”

(se trata de un artículo de 

 


Mis sufridos alumnos de 2º de bachillerato, tal como os he dicho en clase, aquí tenéis una ayuda para esas partes del comentario que más os están costando.
La estructura
 
Aquí los errores principales en vuestros comentarios son:




-que no comentáis el titular.
-que no diferenciáis entre la estructura interna y la externa.
-que no señaláis los argumentos.
-que no decís cuál es la tesis ni definís la estructura en función de la posición de la tesis en el texto.
Podréis desarrollar este apartado mejor o peor, pero si os dejáis alguna de esas partes automáticamente estáis perdiendo nota, así que tened bien presente que no podéis obviar nada de eso.

En su estructura externa el texto se presenta constituido en dos partes fundamentales: una primera, formada por el título -“Hijo de una limpiasuelos”- destacado con una tipografía mayor y negrita, propia de los títulos de los textos periodísticos, que hace adivinar su tono autobiográfico. Un segunda, el cuerpo del texto, que, a su vez, se distribuye en cinco párrafos.
En cuanto a su estructura interna, distinguimos tres partes diferenciadas. Una primera l. 1-4), que se corresponde con la introducción, en la que el autor plantea el tema del texto: el servilismo de la mujer de clase baja en la España de posguera. Esta idea la apoya con dos ideas secundarias: el argumento basado en la experiencia propia “soy hijo de una mujer que...empezó a limpiar”, y una segunda, que establece la diferencia semántica entre servir y trabajar.
La segunda parte (l. 5-38) se corresponde con el desarrollo y presenta dos ideas principales basadas en una oposición temporal: pasado (l. 5-20) y presente (l. 20-38) de la sociedad de clases española, que a su vez se articula internamente por la oposición socio-ideológica pobres/perdedores frente a ricos/vencedores de la Guerra Civil. La primera subparte (l. 5-20) presenta como idea principal la precaria situación de la clase baja/perdedores ejemplarizada en la figura paradigmática de la madre del autor, por coincidir su oficio con el insulto proferido por el político a Ada Colau. Esta precariedad se apoya en las ideas secundarias: el argumento de ejemplo con valor acumulativo en que se describen las arduas tareas de su empleo y la escasa recompensa económica: “ trabajar mucho, quejarse poco y ganar menos” (l. 5), “fregar de rodillas”, “acarrear agua” a cambio de “unos trozos de bacalao”. La idea de injusticia que se desprende de esta precariedad aumenta por la oposición de la descripción de la clase alta representada en el sintagma “los zapatos finos y elegantes” (l. 8) que marca el suelo como territorio compartido, si bien, en desiguales condiciones.
La segunda subparte (l. 20-38) presenta como idea principal la persistencia de la dicotomía ideológico-política, pero la difuminación de la barrera socioeconómica: “somos los hijos e hijas de los que han fregado suelos...pero somos algo más”. Como ideas secundarias de apoyo a esta, el autor ofrece el panorama de la división política de España con los nombres de los políticos más representativos de signo izquierdista -Colau, Iglesias, Garzón- frente a la “derecha cañí”. Apoya la idea de la regeneración socioeconímca de esas nuevas generaciones a través de la adquisición de estudios superiores gracias a la “universidad pública”.
La tercera parte (l. 38-40) se corresponde con la conclusión y encierra la tesis: la regeneración de la clase baja es “el símbolo más evidente de su derrota”, por lo que podemos decir que se trata de un texto con estructura sintetizante.

La modalización

Los principales errores aquí son:


-que no os fijáis en la modalización oracional
-que a menudo no redactáis y convertís este apartado en una lista. 


-que no os fijáis en los recursos tipográficos de modalización (como pueden ser las comillas, los paréntesis o el uso de la negrita).


La modalidad oracional dominante es la declarativa, propia del género, y en cuando a las modalidades del enunciado, predomina la declarativa afirmativa.
Como corresponde a un texto de opinión, está muy modalizado. Los mecanismos gramaticales como la deixis personal lo confirman desde su comienzo con una forma verbal en primera persona del singular “soy”, los posesivos de primera persona “mi” e incluso el pronombre personal “yo” (l. 14). Su empleo se corresponde con la función expresiva del lenguaje, propia de la expresión de la subjetividad. Además, nos encontramos también, hacia el final del texto, con el uso mayoritario de la primera persona del plural con valor inclusivo o exclusivo, según la posición ideológica o experiencial en que se sitúe el receptor, pero que indudablemente se relaciona con la función fática del lenguaje, ya que su objetivo es implicar al lector en la situación comunicativa.
En cuanto al léxico valorativo o connotativo podemos articularlo en torno a dos isotopías opuestas basadas en una diferencia ideológica que dará como resultado una diferencia de clase: “ganadores y perdedores”. En función de estas isotopías se sistematizan unos valores connotativos aparentemente positivos, los vinculados a los primeros, y aparentemente negativos, los vinculados a los segundos. Decimos aparentemente porque , mientras que bajo la isotopía de los perdedores se engloba un léxico denotativamente marcado en negativo y relacionado con el esfuerzo (servir, arrodillarse, poner los cafés) o con las carencias (pobre, analfabeta), se neutralizan con la característica positiva que define la isotopía: dignidad, presente en todo el texto. Por contra, la isotopía de los “ganadores” parece caracterizada por valores positivos: “merecer, gracia de Dios, fortuna y bienestar, estatus” que se neutralizan por el léxico militarizado asociado a la misma: “desfilar, arsenal, sangrar”, por el sintagma que la vincula con los apetitos más bajos y la falta de contención “insaciable voracidad” y por oposición, por la ausencia de dignidad.
Encontramos numerosos ejemplos de adjetivación valorativa por los que se filtra el punto de vista del autor y que inciden en la idea anterior, la división social y moral de las dos Españas: “finos y elegantes” frente a “pobre y analfabeta”; “sociedad clasista” frente a “gente sencilla”.
También constatamos el empleo de figuras retóricas que aportan mayor expresividad o énfasis a las ideas formuladas por el autor: la ironía presente en todo el texto y evidente en “por la gracia de Dios”, las enumeraciones con valor intensificador “trabajar...”, las metáforas: “el odio les sangra por los ojos”, “arsenal de desprecio”, el tono hiperbólico de estas mismas imágenes. Mecanismos todos ellos que podemos relacionar con la función poética, propia de los textos de opinión en los que el autor goza y hace uso de mayor libertad creadora frente a otros ámbitos del género periodístico como la crónica o la noticia.
Destaca también la modalización epistémica reflejada en los verbos intelectivos: “sabemos” donde el grado de certeza del autor es absoluto, fruto de su experiencia vivida.

La cohesión

los principales errores:


-que os olvidáis de la cohesión gramatical (deícticos, elipsis, conectores, tiempos verbales).
-que confundís campo conceptual con campo semántico.
-que aún señaláis hiperónimos e hipónimos que no lo son.
-que tenéis una tendencia a presentar todo esto como una lista. 


En el apartado de la cohesión textual destaca el escaso uso de conectores, apenas presentes en el texto más allá de dos o tres ejemplos de conectores lógicos, causales y adversativos -“porque” y “pero”- y uno de adición “además de”. La ausencia de los mismos se suple con un correcto uso de la deixis, personal, temporal y espacial, así como con la correlación verbal que permiten al lector seguir la progresión temática. En este sentido el texto presenta una estructura circular en la que comienza a narrar en el presente personal “soy”, cede su espacio al pasado en tercera persona -la experiencia materna- “creció”, y vuelve al presente personal compartido con el receptor “andamos”. Otro mecanismo gramatical de la cohesión es la deixis textual o foricidad, que permite relacionar informaciones presentes en el texto sin necesidad de repetirlas. Así encontramos ejemplos de catáforas, en las que la información referenciada aparece después del elemento referencial: “lo que” y anáforas “su”.
En cuanto a los mecanismos léxicos que favorecen la cohesión, tenemos el campo conceptual del trabajo (jornal, fregar…), sinónimos contextuales de los privilegios (fortuna, estatus..), los hipónimos de sentimiento (odio, voracidad, dignidad...) y dos familas léxicas (pobre, pobreza; privilegio, privilegiado).
También la enciclopedia cultural favorece la cohesión pues apela a un conocimiento compartido con el lector. En este caso lo sería el actual clima político de enfrentamiento entre la derecha tradicional y los políticos de la izquierda emergente, hecho que se relaciona asimismo con la actualidad informativa.

martes, 24 de mayo de 2016

"D.Q.", de Rubén Darío

Hola, amigos:
Aquí tenéis el relato de Rubén Darío del que os he hablado en clase. Que lo disfrutéis.


Rubén Darío
D.Q.
Estamos de guarnición cerca de Santiago de Cuba. Había llovido esa noche; no obstante el calor era excesivo. Aguardábamos la llegada de una compañía de la nueva fuerza venida de España, paea abandonar aquel paraje en que nos moríamos de hambre, sin luchar, llenos de desesperación y de ira. La compañía debía llegar esa misma noche., según el aviso recibido. Como el calor arreciase y el sueño no quisiese darme reposo, salí a respirar fuera de la carpa. Pasada la lluvia, el cielo se había despejado un tanto y en el fondo oscuro brillaban algunas estrellas. Di suelta a la nube de tristes ideas que se aglomeraban en mi cerebro. Pensé en tantas cosas que estaban allá lejos; en la perra suerte que nos perseguía; en que quizá Dios podría dar un nuevo rumbo a su látigo y nosotros entrar en una nueva vía, en una rápida revancha. En tantas cosas pensaba...
¿Cuánto tiempo pasó? Las estrellas sé que poco a poco fueron palideciendo; un aire que refrescó el campo todo sopló del lado de la aurora y ésta inició su aparecimiento, entre tanto que una diana que no sé por qué llegaba a mis oídos como llena de tristeza, regó sus notas matinales. Poco tiempo después se anunció que la compañía se acercaba. En efecto, no tardó en llegar a nosotros. Y los saludos de nuestros camaradas y los nuestros se mezclaron fraternizando en el nuevo sol. Momentos después hablamos con los compañeros. Nos traían noticias de la patria. Sabían los estragos de las últimas batallas. Como nostros estaban desolados, pero con el deseo quemante de luchar, de agitarse en una furia de venganza, de hacer todo el daño posible al enemigo. Todos éramos jóvenes y bizarros, menos uno; todos nos buscaban para comunicar con nosotros o para conversar, menos uno. Nos traían provisiones que fueron repartidas. A la hora del rancho, todos nos pusimos a devorar nuestra escasa pitanza, menos uno. Tendría como cincuenta años, mas también podía haber tenido trescientos. Su mirada triste parecía penetrar hasta lo hondo de nuestras almas ydecirnos cosas de siglos. Alguna vez se le dirigía la palabra, casi no contestaba; sonreía melancólicamente; se aislaba, buscaba la soledad; miraba hacia el fondo del horizonte, por el lado del mar. Era el abanderado. ¿Cómo se llamaba? No oí su nombre nunca.
II


El capellán nos dijo dos días después:
Creo que no nos darán la orden de partir todavía. La gente se desespera en deseos de pelear. Tenemos algunos enfermos. Por fin, ¿cuándo veríamos llenarse de gloria nuestra pobre y santa bandera? A propósito: ¿ha visto usted al abanderado? Se desvive por socorrer a los enfermos. Él no come; lleva lo suyo a los otros. He hablado con él. Es un hombre milagroso y extraño. Parece bravo y nobilísimo de corazón. Me ha hablado de sueños irrealizables. Cree que dentro de poco estaremos en Washington y que se izará nuestra bandera en el Capitolio, como lo dijo el obsipo en su brindis. Le han apenado las últimas desgracias; pero confía en algo desconocido que nos ha de amparar; confía en Santiago; en la nobleza de nuestra raza, en la justicia de nuestra causa. ¿Sabe usted? Los otros seres le hacen burlas, se ríen de él. Dicen que debajo del uniforme usa una coraza vieja. El no les hace caso. Conversando conmigo, suspiraba profundamente, miraba el cielo y el mar. Es un buen hombre en el fondo; paisano mío, manchego. Cree en Dios y es religioso. También algo poeta. Dicen que por la noche rima redondillas, se las recita él solo, en voz baja. Tiene a su bandera un culto casi supersticioso. Se asegura que pasa las noches en vela; por lo menos, nadie le ha visto dormir. ¿Me confesará usted que el abanderado es un hombre original?
.—Señor capellán —le dije—, he observado ciertamente algo muy original en ese sujeto, que creo, por otra parte, haber visto no sé dónde. ¿Cómo se llama?
No lo sé —contestóme el sacerdote—. No se me ha ocurrido ver su nombre en la lista. Pero en todas sus cosas hay marcadas dos letras: D. Q.
III


A un paso del punto en donde acampábamos había un abismo. Más allá de la boca rocallosa, sólo se veía sombra. Una piedra arrojada rebotaba y no se sentía caer. Era un bello día. El sol caldeaba tropicalmente la atmósfera. Habíamos recibido orden de alistarnos para marchar, y probablemente ese mismo día tendríamos el primer encuentro con las tropas yanquis. En todos los rostros, dorados por el fuego curioso de aquel cielo candente, brillaba el deseo de la sangre y de la victoria. Todo estaba listo para la partida, el clarín había trazado en el aire su signo de oro. Ibamos a caminar, cuando un oficial, a todo galope, apareció por un recodo. Llamó a nuestro jefe y habló con él misteriosamente. ¿Cómo os diré que fue aquello? ¿Jamás habéis sido aplastados por la cúpula de un templo que haya elevado vuestra esperanza? ¿Jamás habéis padecido viendo que asesinaban delante de vosotros a vuestra madre? Aquélla fue la más horrible desolación. Era la noticia. Estábamos perdidos, perdidos sin remedio. No lucharíamos más. Debíamos entregarnos como prisioneros, como vencidos. Cervera estaba en poder del yanqui. La escuadra se la había tragado el mar, la habían despedazado los cañones de Norteamérica. No quedaba ya nada de España en el mundo que ella descubriera. Debíamos dar al enemigo vencedor las armas, y todo; y el enemigo apareció, en la forma de un gran diablo rubio, de cabellos lacios, barba de chivo, oficial de los Estados Unidos, seguido de una escolta de cazadores de ojos azules. Y la horrible escena comenzó. Las espadas se entregaron; los fusiles también... Unos soldados juraban; otros palidecían, con los ojos húmedos de lágrimas, estallando de indignación y vergüenza. Y la bandera... Cuando llegó el momento de la bandera, se vio una cosa que puso en todos el espanto glorioso de una inesperada maravilla. Aquel hombre extraño, que miraba profundamente con una mirada de siglos, con su bandera amarilla y roja, dándonos una mirada de la más amarga despedida, sin que nadie se atreviese a tocarle, fuese paso a paso al abismo y se arrojó en él. Todavía de lo negro del precipicio devolvieron las rocas un ruido metálico, como el de una armadura.
IV

El señor capellán cavilaba tiempo después:
«D. Q.»... De pronto, creí aclarar el enigma. Aquella fisonomía, ciertamente, no me era desconocida.
D. Q. —le dije— está retratado en este viejo libro. Escuchad: «Frisaba la edad de nuestro hidalgo con los cincuenta años; era de complexión recia, seco de carnes, enjuto de rostro, gran madrugador y amigo de la caza. Quieren decir que tenía el sobrenombre de Quijada o Quesada —que en esto hay alguna diferencia en los autores que de este caso escriben—, aunque por conjeturas verosímiles se deja entender que se llamaba Quijano.»




jueves, 5 de mayo de 2016

el Modernismo

EL MODERNISMO

Aquí tenéis una serie de enlaces que os van a facilitar el estudio del Modernismo.

1: un repaso general al tema
2. un buen esquema de las características del Modernismo
3. los poemas de Rubén Darío  
4.Edificios modernistas en Valencia
5.  Paco Ibáñes interpreta el poema de Rubén Darío "Juventud, divino tesoro".
6. Un comentario de "La sonatina".  
7. Aquí tenéis los dos poemas de Baudelaire que os he comentado en clase:

                        El albatros

 
 

 Por distraerse, a veces, suelen los marineros
Dar caza a los albatros, grandes aves del mar,
Que siguen, indolentes compañeros de viaje,
Al navío surcando los amargos abismos.

Apenas los arrojan sobre las tablas húmedas,
Estos reyes celestes, torpes y avergonzados,
Dejan penosamente arrastrando las alas,
Sus grandes alas blancas semejantes a remos.

Este alado viajero, ¡qué inútil y qué débil!
Él, otrora tan bello, ¡qué feo y qué grotesco!
¡Éste quema su pico, sádico, con la pipa,
Aquél, mima cojeando al planeador inválido!

El Poeta es igual a este señor del nublo,
Que habita la tormenta y ríe del ballestero.
Exiliado en la tierra, sufriendo el griterío,
Sus alas de gigante le impiden caminar.


A UNA CARROÑA

Recuerda lo que vimos, alma mía,
esa mañana de verano tan dulce:
a la vuelta de un sendero una carroña infame
en un lecho sembrado de guijarros,

con las piernas al aire, como una mujer lúbrica,
ardiente y sudando los venenos
abría de un modo negligente y cínico
su vientre lleno de exhalaciones.

El sol brillaba sobre esta podredumbre,
como para cocerla en su punto,
y devolver ciento por uno a la gran Naturaleza
todo lo que en su momento había unido;

y el cielo miraba el espléndido esqueleto
como flor que se abre.
Tan fuerte era el hedor que tú, en la hierba
creíste desmayarte.

Zumbaban las moscas sobre este vientre pútrido
del cual salían negros batallones
de larvas que manaban como un líquido espeso
por aquellos vivientes andrajos.

Todo aquello descendía y subía como una ola,
o se lanzaba chispeante
se hubiera dicho que el cuerpo, hinchado por un aliento vago,
vivía y se multiplicaba.

Y este mundo producía una música extraña
como el agua que corre y el viento
o el grano que un ahechador con movimiento rítmico
agita y voltea con su criba.

Las formas se borraban y no eran más que un sueño,
un esbozo tardo en aparecer
en la tela olvidada, y que el artista acaba
sólo de memoria.

Detrás de las rocas una perra inquieta
nos miraba con ojos enfadados,
espiando el momento de recuperar en el esqueleto
el trozo que había soltado.

Y, sin embargo, tú serás igual que esta basura,
que esta horrible infección,
¡estrella de mis ojos, sol de mi naturaleza,
tú, mi ángel y mi pasión!

¡Sí! tal tú serás, oh reina de las gracias,
después de los últimos sacramentos,
cuando vayas, bajo la hierba y las fértiles florescencias,
a enmohecer entre las osamentas.

Entonces, oh belleza mía, di a los gusanos
que te comerán a besos,
¡que he guardado la forma y la esencia divina
De mis amores descompuestos!

jueves, 25 de febrero de 2016

"Suite francesa" (propuesta para el comentario lingüístico)


Cuando Irène Némirovski, en el verano de 1941, escribía su Suite francesa en la localidad borgoñona de Issy-l'Éveque, padeciendo las consecuencias del "Estatuto de los judíos" francés del 3 de octubre del año anterior, su escritura era al mismo tiempo un acto de afirmación personal y un ajuste de cuentas contra  unas medidas políticas vejatorias y criminales decretadas por el régimen colaboracionista francés con una celeridad y complacencia hacia los nazis indignas y vergonzantes.
     ¡Dios mío! ¿Qué me hace este país? Ya que me rechaza, considerémoslo fríamente, observémoslo mientras pierde el honor y la vida -anota en el cuaderno en el que proyecta su "Suite francesa". Por desgracia solo pudo escribir los dos primeros movimientos de esa suite: "Tempestad en junio", sobre la huida de París originada por la inminente invasión nazi; y "Dolce", sobre la ocupación en una pequeña localidad rural. Este carácter truncado de la novela obliga a reparar en esas circunstancias contextuales. El asesinato de Némirovski no es un suceso puntual, sino el resultado lógico de una política criminal que tiene como hitos jurídicos ese "estatuto judío" del 3 de octubre de 1940, la creación en marzo del año siguiente del "Comisariado general para las cuestiones judías" y el "estatuto judío" del 2 de junio de 1941. La hostilidad larvada hacia los judíos por parte de amplios sectores de la derecha francesa que los sucesos relativos al juicio y condena del capitán Dreyfus en las postrimerías del siglo XIX habían puesto de manifiesto con una pasión y violencia inusitados, ahora, sin un Zola que levantara la voz y arriesgara su vida para denunciar la vileza moral de los antisemitas, -callados, acallados o vencidos aquellos que hubieran podido hacerlo- alcanzaba una dimensión hipertrófica. Frente a ello, esta mujer herida de múltiples destierros - el de su Ucrania natal, el de su idea de Francia, el de su propia madre y, en cierto modo, el de su condición de judía- mira y escribe. Teme que el tiempo se le acabe, pero sigue escribiendo porque es su manera de seguir siendo ella; su escritura es su rebelión contra la cobardía y la inmoralidad. Pero solo le alcanza a concluir los dos primeros movimientos de la suite que había concebido. Y en ellos, ninguna palabra sobre judíos, pogromos, deportaciones, asaltos de sinagogas... Por encima de esa especificidad le interesa al principio el comportamiento general, el sálvese quien pueda en que se convierte la huida de París. En otras palabras, le interesa reflejar cómo se quiebra la frágil urdimbre de la moralidad y la cultura en tiempos de naufragio. Es un proceso rápido que deja en evidencia tanto los intereses más primarios como la hipocresía con que se quieren tapar. Para ello desarrolla -especialmente en la primera parte, "Tempestad en junio"- un vasto juego de contrastes: de personajes, de afectos, de intereses..., que a medida que avanza la historia convergen, bien de una manera dramática o bien en una tensión que no acaba de estallar, en unos espacios cerrados que son insuficientes y que obligan a una convivencia hostil o a la expulsión y al rechazo. Ni siquiera la naturaleza, el campo abierto o el bosque son lugares amables, sino espacios de desamparo y escenarios no solo del miedo a los bombardeos de los aviones alemanes, sino de hurto, rapiña y asesinato.
[…]
En este fragmento perteneciente al capítulo 9 se aprecia bien lo que digo junto a otra característica muy peculiar de la prosa de Némirovski, la presencia constante de referencias a animales -en especial a pájaros- como un recurso denotativo -y a veces simbólico- de la deshumanización de la mayor parte de los protagonistas, de la violencia, del hambre, de los miedos y de los tabúes. Si uno no supiera que la autora fue asesinada en Auschwitz el 17 de agosto de 1942, casi dos meses después de su arresto, pensaría al leer la novela que sobrevivió al Holocausto y que en sus páginas fue sembrando conscientemente una serie de indicios que prefiguran de modo simbólico los acontecimientos que luego se sucedieron. Sin embargo, el imposible cronológico solo me hace desdecirme del adverbio de modo. Como a veces ocurre con la gran literatura, la distancia entre poeta y profeta se desdibuja. 

                                                                                                                                                  Ricardo Signes

 

domingo, 7 de febrero de 2016

Un modelo para el comentario del selectivo


Desconocidos, pero no anónimos

     Los tiempos bélicos suelen dar lugar, cuando pasan a ser historia, a monumentos conmemorativos. Entre ellos, suele estar el llamado monumento al "soldado desconocido". No sé si hoy, nuestros incultos gerifaltes, haciendo ostentación de su profunda y radical ignorancia, hablarían del "soldado anónimo". Asimismo, me llama la atención cuando en la televisión se habla sin rubor alguno de "gente anónima" para referirse a alguien que, sencillamente, no es famoso. Todavía recuerdo un chiste, creo que de Forges, publicado en EL PAÍS, donde alguien leía tal noticia: "SE PROPONE NO TRIUNFAR EN LA VIDA Y LO CONSIGUE". La clave del chiste está en la negación de un propósito que, aparentemente, todo el mundo desea: triunfar en la vida. Habría que pararse a pensar, sobre todo, lo que puede costar ese supuesto triunfo, sobre todo cuando se asocia con ciertas formas de fama. Asimismo, recuerdo otro chiste genial donde un señor firmaba en la parada del autobús un sinfín de autógrafos a sus vecinos. La leyenda del chiste era como sigue, más o menos así: "INDIVIDUO FIRMANDO AUTÓGRAFOS A SUS VECINOS TRAS HABER SODOMIZADO UN SOMORMUJO EN LA TELEVISIÓN LA NOCHE ANTERIOR". Naturalmente, la clave del chiste radicaba en cómo se logra la fama por cosas absurdas y abyectas. Legiones de personas desconocidas, llamadas por los periodistas "anónimas", pelean cada día por salir de ese desconocimiento y lograr tener un nombre mediático. Entonces pasan a llamarse VIPs, o "personas muy importantes" (me pregunto por qué o para qué), de manera que, pongamos por caso, cualquier cretino hijo de vecino que aparezca rebuznando en un programa de telebasura alcanza la categoría de famoso mientras un reputado médico que se pasa la vida salvando vidas tan sólo es un vulgar ser "anónimo". No me meto en estos desiguales repartos que dispensa la fama, tan sólo reivindico que las personas normales seamos, simplemente, "desconocidas" (a Dios gracias puedo ir por la calle libremente sin que nadie me mire por ser famoso o me pida autógrafos, o se haga fotos conmigo, salvo cuando voy a la India, claro está). La palabra "anónimo" se usa propiamente cuando algo o alguien no tiene nombre o lo quiere ocultar, pero las personas solemos tener nombre, aunque éste sea desconocido para los demás.
En cualquier caso, más allá de su impropiedad, este uso de "anónimo" por "desconocido" da que pensar a la hora de valorar lo que hoy se considera como fama. Desde los tiempos de Juan del Encima, que nos decía aquello de:

Todos los bienes del mundo
pasan presto y su memoria,
salvo la fama y la gloria.
El tiempo lleva los unos,
a otros fortuna y suerte.
y al cabo viene la muerte,
que no nos dexa ningunos.

Han pasado muchas cosas, y hoy la fama y la gloria se han vuelto algo tan efímero como el resto de bienes del mundo. La fama se gana y se pierde al paso de los programas de televisión, y tan grande es la horda de aspirantes a esa efímera fama como el grupo de náufragos que, tras pasar unos días por las pequeñas pantallas, son arrojados de nuevo a sus orígenes de personas normales y corrientes. El escritor bohemio Cansinos Assens tituló uno de sus libros "El divino fracaso". En aquellos tiempos de comienzos del siglo XX los poetas y los artistas buscaban la fama y el reconocimiento. Hoy días los poetas, salvo alguna excepción, son considerados tan "anónimos" como cualquier hijo de vecino. Así son los tiempos.

Y aquí tenéis un ejemplo de cómo desarrollar la modalización y la cohesión.

La modalización

En primer lugar, podemos señalar la amplia nómina de léxico valorativo que subjetiviza texto, con el que por un lado muestra su posición respecto a los políticos: “incultos gerifaltes”, “profunda y radical ignorancia”; y, por otro, muestra su opinión respecto a la forma de conseguir la fama en la actualidad. Podemos citar como ejemplo de ello los adjetivos: absurdas, abyectas, cretino y reputado,  y el verbo rebuznando.
Asimismo son índices de modalización las locuciones verbales "llama la atención", "da que pensar", "pongamos por caso", y el verbo modal "sé". 
Por otro lado, aporta significado modalizador el deíctico verbal y pronominal de primera persona del plural con valor inclusivo: nuestros incultos” (l.3), “pongamos(l.17), “seamos simplemente(l.21), “solemos tener nombre(l.24), “nos decía(l.28), y el deíctico de primera persona del singular tanto verbal como pronominal: “no sé(l.2), “recuerdo(l.6), “me pregunto(l.17), “no me meto(l.20), “reivindico(l.21), “voy(l.23).
De la misma manera, manifiestan valores modales la metáfora y la ironía comentadas en la función poética.
Un último elemento dentro de este apartado es el referido a la modalidad oracional dominada en este caso por la modalidad enunciativa afirmativa con la que se privilegia la transmisión de datos y la valoración de ideas. Alterna esta modalidad con la interrogativa indirecta: “No sé si hoy nuestros gerifaltes…. hablarían del “soldado anónimo”, “me pregunto por qué y para qué”.


La cohesión sintáctica

En cuanto a la cohesión sintáctica, hay que diferenciar la que se establece entre cada una de las diferentes oraciones y la que supera este límite: la textual. No encontramos en el texto conectores suprasegmentales, es la unidad temática y las relaciones lógicas entre los diferentes apartados la que asegura la cohesión textual. No obstante, podemos señalar como marcadores textuales el adverbio “naturalmente(l.14) que le sirve de introductor de un nuevo párrafo en el que explica el significado del chiste expuesto en el párrafo anterior y el sintagma “en cualquier caso(l.26) que sirve para cambiar la argumentación e introducir un nuevo tema surgido a raíz de lo expuesto en párrafos anteriores.
Aunque tampoco son abundantes los conectores en cada uno de los párrafos, sí que podemos señalar algunos nexos o marcadores discursivos propios del discurso expositivo como el conector consecutivo: “de manera que” (l.17), el adverbio: “asimismo(l.4,10) que actúa como un nexo aditivo y el sintagma: “pongamos por caso(l.17) que actúa como ejemplificador.
Otro de los recursos de cohesión es la utilización de los tiempos verbales. Es el eje de presente el que predomina en el texto, tiempo coincidente con el momento de la enunciación, en el que se sitúa el autor y desde el cual analiza y reflexiona sobre la utilización de los términos en cuestión.
Este presente aparece utilizado con diferentes valores, así se manifiesta por un lado con el valor actual, coincidente exactamente con el momento de la enunciación: “recuerdo(l.6, 10), no me meto(l.20), “reivindico(l.21), pero mayoritariamente se manifiesta con un valor habitual, ya que indica acciones reiteradas que se vienen realizando y que se prevé que se realizarán: se habla(l.4), “se considera(l.27), “la fama se gana y se pierde(l.37), “son considerados(l.42), “son arrojados(l.39) temporalidad que viene activada mediante el deíctico temporal “hoy”, que aparece en los diferentes párrafos (l.3, 27,33) y que sitúa el texto no exclusivamente en el momento de la enunciación, en el que se escribe el artículo, sino que hace referencia a la época actual. Por último, aparece utilizado con un valor gnómico en la oración que cierra el texto, ya que presenta la afirmación como universalmente válida: “Así son los tiempos(l.43).
Alterna este presente con el tiempo anafórico de pretérito imperfecto de indicativo, el cual marca simultaneidad al eje de pasado, sin marcar el periodo de finalización y que le sirven al autor para ejemplificar sus afirmaciones actuales: “leía, firmaba, buscaban la fama, temporalidad activada en el último caso mediante el sintagma: “en aquellos tiempos de comienzo del siglo XX
Encontramos también como tiempo anafórico el pretérito perfecto simple, con el que se introduce un hecho totalmente terminado con respecto al momento de la enunciación: “tituló(l.40).
No aparece ningún deíctico espacial que sitúe el artículo en un espacio concreto, lo cual corrobora el valor universal de lo enunciado.
Por último, como es lógico en un texto elaborado, observamos procedimientos de referencia textual, que se evidencian fundamentalmente en los elementos de sustitución. Sin hacer un examen demasiado exhaustivo señalo las anáforas representadas por los pronombres personales: “ellos(l. 2), “lo” (l.7), por los pronombres relativos: “que” (l.5, 8), “donde” (l.10), “o por los pronombres demostrativos: “este” (l.25). Como ejemplos de catáfora podemos señalar el pronombre demostrativo: “aquello(l.28) que anticipa los versos de Juan del Encina.











jueves, 24 de mayo de 2012

El siglo XVII: el corral de comedias.

Os invito a conocer uno de los siglos de mayor creación literaria española a través de una visita virtual.