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miércoles, 3 de febrero de 2010

Comentario de En busca de un apellido, de Quim Monzó. (una pequeña ayuda para los alumnos de 2º de bachillerato)

Abordo el comentario del texto que nos ocupa desde una perspectiva pragmática, es decir, bajo la consideración del texto como unidad de comunicación, elaborado en un contexto preciso por un autor que, siguiendo determinadas reglas de género y optando por ciertas opciones lingüísticas, pretende influir de algún modo en sus lectores.
Mi primera consideración se refiere a una condición inherente a cualquier texto, la coherencia, esto es, la congruencia temática. Así, después de un par de lecturas atentas puedo concluir que, en efecto, el texto trata de un tema preciso que aparece desarrollado de acuerdo a una lógica interna.
El tema es la serie de consecuencias que produjo la prohibición de los apellidos en Mongolia tras la proclamación en 1924 de la república popular soviética. Su contenido se puede resumir del siguiente modo:
Resumen. El autor habla de la prohibición de los apellidos por parte del gobierno comunista de Mongolia tras la proclamación del país como república popular soviética en el año 1924, y expone una serie de dificultades surgidas a raíz de tal medida. En primer lugar se refiere con un tono humorístico a unos problemas de los ámbitos laboral, afectivo y sanitario que han llevado a las autoridades actuales a derogar aquella prohibición; después expone los beneficios sociales de esta medida y se extiende en la explicación de los inconvenientes que ha implicado su puesta en práctica, así como en las alternativas para superarlos. Por último, ejemplifica en el caso del único astronauta mongol, Gurragchaa Sansar, una de las soluciones más extendidas y relaciona el significado toponímico de su apellido con otros apellidos españoles muy habituales.
La estructura del texto nos permite abundar en el contenido del texto y concretar esa lógica interna de la que hablaba antes. Así, pues, podemos dividirlo en siete partes.
-La primera, que abarca de la línea 1 a la 7, nos ofrece el hecho histórico que motiva la columna.
-En la segunda –de la 7 a la 20-, el autor expone en tono humorístico tres circunstancias que ilustran con un sentido ejemplificador las consecuencias negativas en tres ámbitos distintos: el laboral, el afectivo y el sanitario.
-La tercera parte va de la línea 21 a la 25; en ella se presentan dos ventajas sociales –el aumento de la responsabilidad ciudadana y el estancamiento del índice de criminalidad- como las repercusiones de la derogación de la ley de prohibición de apellidos.
-En la cuarta (líneas 26 a 37), Monzó habla de la ley de imposición del documento de identidad, que implicaba la identificación de cada ciudadano con su nombre y apellido, subraya la dificultad que encontraron los ciudadanos para encontrar sus apellidos y aporta las dos causas que explican esa situación que, remarca explícitamente, puede resultar paradójica a sus lectores: una educación que desde la escuela inculcó la idea de que los apellidos eran reaccionarios y la destrucción por parte de los revolucionarios de la mayor parte de los archivos familiares.
-Las soluciones a la situación expuesta en esa parte se dan en la secuencia comprendida entre las líneas 37 y 40, ambas incluidas. Son dos, una de tipo colectivo, basado en el estudio: la recopilación de listados de apellidos; y otra en la imaginación: la libre elección de alguno de ellos.
-En la séptima parte, que abarca desde la línea 41 hasta el final, se ejemplifica con el caso de Gurragchaa Sansar -el único cosmonauta mongol hasta la fecha- una solución aún más imaginativa que la anterior: la invención del apellido; y, al final, asociando el significado de “Sansar” –“cosmos” en mongol- con los apellidos españoles de origen toponímico, Monzó aproxima el tema a la realidad cotidiana de sus lectores.
En cuanto al título, como parte integrante del texto, merece un comentario. En principio se puede considerar denotativo, puesto que nos informa del contenido del artículo; no obstante, una lectura más detallada revela significados connotativos que matizan y adelantan el tono de la exposición. Si se considera la primera parte del sintagma –“En busca de...-“, las referencias, bien en un ámbito literario más culto –En busca del tiempo perdido, de Proust; En busca del unicornio, de Juan Eslava Galán- o en un ámbito mucho más popular como el cinematográfico –En busca del arca perdida, de Spielberg; En busca del valle encantado, producida por el director de la anterior, o En busca del fuego, de Jean Jacques Annaud- remiten a lo inalcanzable, a lo muy valioso, a lo exótico y misterioso. En cambio el segundo término –un apellido- tiene la connotación de lo doméstico, de lo desprovisto de magia, en cuanto que es algo que se nos da impuesto, que ni se busca ni se cuestiona. Por tanto, la unión de esa construcción prepositiva con ese sustantivo resulta prácticamente un oximorón. Ahora bien, como el referente al que alude no es una idea poética, sino una realidad social, podemos concretar que el título expresa un absurdo cotidiano, es decir, un tipo de situación que, desde el reconocimiento universal de la obra de Kafka, es merecedora del adjetivo “kafkiana”.
Al dividir el texto en partes se evidencia la lógica de su estructura, ya que, a partir de la situación inicial planteada, cada una de las partes siguientes se van configurando como consecuencia de la anterior y, al mismo tiempo, como causa de la siguiente. Este tipo de estructura puede considerarse del tipo de problema-solución, es muy habitual en los textos periodísticos de opinión, a los que confiere tanto una gran coherencia como una fuerte cohesión.
Por último, antes de cerrar este apartado dedicado al estudio de la estructura textual, conviene advertir la gradación existente en el artículo de Monzó, desde la exposición de una situación histórica en un país remoto hace más de ochenta años, a la decisión individual de un astronauta mongol hace un par de años. Es decir, desde el pasado al presente y desde lo general a lo particular.
Inicio ahora un estudio lingüístico más detallado con el establecimiento de la tipología textual, lo cual nos permitirá verificar cómo se adecuan a su ámbito de uso y a su finalidad comunicativa tanto el tipo de registro utilizado como las funciones lingüísticas desarrolladas.
Son varias las características del texto que nos permiten adscribirlo a los artículos periodísticos de opinión, en concreto a los de aquellos autores que disponen de una sección fija o columna en alguna publicación periódica: la presencia de un título que no es exclusivamente denotativo; un encabezamiento de tipo genérico que alude al nombre de una sección fija en el periódico –“seré breve”-; dos elementos icónicos: la fotografía del busto del autor y una ilustración relativa al contenido del texto elaborada con un trazo grueso e informal que puede asociarse al tono distendido con que está redactado el texto; la originalidad del enfoque; la combinación del rigor del dato histórico con una fina ironía que matiza los contenidos expuestos; un grado de elaboración importante, patente tanto en la estructura como en la elección de términos muy precisos; la utilización de recursos literarios como la ironía y la metonimia, que da valor genérico a unas anécdotas expuestas con humor; y, por último, la capacidad del autor, manifiesta en el texto, de convertir en interesante y de aproximar a los lectores a una realidad en principio alejada de la suya.
El ámbito de uso es, por tanto, el periodístico, lo cual determina el registro utilizado y condiciona –y, al mismo tiempo es condicionado por ella- la finalidad comunicativa. En tanto que texto difundido por un medio de comunicación de masas es lógico que su registro sea estándar, pues se pretende que llegue a un público lo más amplio posible. No obstante, se observan ciertas desviaciones puntuales tanto hacia un registro coloquial como a otro más culto. Así, por ejemplo, tenemos como muestras del primero la expresión “tirar cohetes” (anoto entre paréntesis la línea en que se localiza cada ejemplo; en este caso la 3), cuyo significado metafórico remite de un modo muy expresivo a un estado de gozosa felicidad; el sustantivo “engorro” (en la 10), que añade carga expresiva, igual que en el caso anterior, pero en sentido contrario. Igualmente, en la frase “las autoridades han dado marcha atrás a la disposición de 1924” contrasta lo coloquial de la locución verbal con el ámbito político o legal al que alude; la locución “la cosa se pone difícil” (en la 30), con un valor referencial a la búsqueda de apellidos, las expresiones “Para facilitar las cosas” (en la línea 37), “son cosa del pasado” (33), “O el corte que da ir por la calle” (14) y “por no hablar de los funcionarios” (13) aportan una marca de oralidad al discurso que rebaja un tanto el tono de un texto planteado como una secuencia hilvanada de causas y efectos. Paralelamente se aprecian palabras y expresiones pertenecientes a un registro culto, incluso literario, que desempeñan también una función semántica y estilística precisa. “Para cortar el hilo sutil que liga a padres, abuelos, bisabuelos” (líneas 6 y 7) es una metáfora visual que enfatiza tanto la idea de unión familiar como la posibilidad de la desunión; el sustantivo “copulantes” (19),eminentemente culto, sortea de un modo elegante y preciso tanto el vulgarismo como el eufemismo; la expresión “anonimato nebuloso del nombre único” refuerza con los valores connotativos del sustantivo y los del adjetivo (el primero asociado a lo delictivo, y el segundo a lo falto de precisión) la vinculación que ha establecido anteriormente entre carencia de apellidos e irresponsabilidad.
Del mismo modo que el uso del registro estándar y la presencia de esas peculiaridades que hemos señalado están determinados por la condición de artículo de opinión del texto, igualmente esta naturaleza condiciona su finalidad comunicativa. Por una parte se trataría de exponer una serie de conocimientos de tipo histórico-social; y por otra, de una manera más implícita, de invitar al lector a reflexionar sobre la importancia de algo aparentemente tan poco trascendente como los apellidos. Cómo se verifica esta finalidad comunicativa a través de las diversas funciones lingüísticas es lo que vamos a ver a continuación. En primer lugar, el hecho de que se trate de un texto básicamente expositivo implica que la función primaria sea la que, dentro del sistema de comunicación de Jakobson, enfatiza el contexto, esto es, la función referencial; pero como hemos dicho que también había implícita una voluntad de invitar a una reflexión a los lectores, hay que subrayar la presencia de la función que privilegia al receptor en el proceso de la comunicación, la apelativa. A lo largo de este comentario ya hemos hablado someramente del grado de elaboración literaria del texto, lo cual nos autoriza a señalar también la presencia de la función poética. Respecto a la metalingüística, aunque no es frecuente en este tipo de textos, tampoco es raro encontrarla. En este artículo de Quim Monzó se verifica en dos ocasiones. La primera cuando explica el significado de dos antropónimos: “Altancceg”, flor de oro, y “Naranceceg”, flor soleada; y la segunda, cuando traduce el significado de un apellido, “Sansar”, cosmos. La función fática se cumple en el texto a través de dos procedimientos distintos. Con tres referencias explícitas a los lectores: “imagínense las dificultades” (líneas 12 y 13), “veremos por qué” (16) y “Desde aquí puede parecernos inconcebible” (31); y con una serie de referencias a un mundo cultural compartido entre el autor y sus lectores; así, por ejemplo, las alusiones a Mongolia, a Gengis Khan o a la serie de apellidos toponímicos que cita en la última línea. Por último, la función expresiva, la que destaca la presencia del emisor en la comunicación, queda reflejada en una serie de marcas lingüísticas que analizo seguidamente en el apartado dedicado a la modalización.
Como se ha dicho unas líneas más arriba, la finalidad comunicativa principal del texto es la de dar a conocer al lector una serie de hechos de carácter social derivados de un decisión política. Se trata, en consecuencia, de un texto básicamente expositivo en el cual, a través de una modalidad oracional enunciativa, se privilegia la transmisión de datos. Ahora bien, esto no implica que el texto carezca de marcas de modalización. Las hay, tanto en el léxico, como en ciertas figuras retóricas y en dos ejemplos de modalidad oracional distinta a la enunciativa: “¿Quién va a recordarlos?” (línea 33), que es una pregunta retórica que, al mismo tiempo que refuerza expresivamente la rotundidad del argumento que ha expuesto anteriormente, busca la complicidad del lector, lo mismo que la otra oración, ésta de modalidad imperativa, “imagínense las dificultades” (12). La nómina de ejemplos de léxico valorativo tampoco es amplia: el sustantivo “engorro” (10) es tal vez el más significativo, o el verbo modal en “puede parecernos inconcebible” (31); entre los adjetivos, “radicales” (4), “difícil” (30), “inconcebible” (31) o “muchos” referido a años (30); y la única muestra entre los adverbios es “sólo” en “hace sólo un año” (26).
Las figuras retóricas que implican cierta modalización son cuatro: la ironía, cuando refiriéndose a la proclamación de la república popular soviética dice “y, para celebrarlo, en vez de tirar cohetes decidieron prohibir los apellidos” (3 y 4), y cuando utiliza la palabra “ventajas” (16) queriendo significar inconvenientes; una metáfora: “cortar el hilo sutil que liga a padres, abuelos, bisabuelos” (6); una hipérbole: “ver que se giran trescientas o cuatrocientas chicas” (15); y una sinécdoque: “han decretado que todo el mundo vuelva a tener apellidos” (22).
Esta escasa intervención del autor en el texto se explica por lo rotundos y extraños que resultan al lector los hechos que se exponen, lo cual nos remite a la idea que adelantábamos al comentar el título, ya que lo kafkiano, llevado a lo literario, implica el desarrollo lógico de una situación absurda, y esto es justo lo que encontramos en el artículo de Monzó: una concatenación de causas y consecuencias a partir de una prohibición insólita. La distancia voluntaria que establece el autor respecto a los hechos que cuenta obedece así al deseo de que sea el lector quien los juzgue; se trata, por tanto, de una invitación implícita hecha al lector para que sea partícipe en la creación de sentido con esa información que se le proporciona.
Lógicamente, la consecuencia lingüística de todo ello es la escasez de marcas deícticas personales de enunciación y la abundancia de construcciones de tipo impersonal. De lo primero enumero las excepciones: “imagínense las dificultades” (13), que implica a los lectores con tratamiento de respeto o distancia; la referencia a la segunda persona del singular en “ver a tu novia por la otra acera” (14) es un uso coloquial con valor generalizador con el que se pretende que el lector participe de un modo más directo de la extrañeza cómica que se deriva de la anécdota a la que se refiere; las expresiones “veremos por qué” (16) y “puede parecernos inconcebible” (31), ambas con valor de plural inclusivo, subrayan, lo mismo que la referencia contextual a lo apellidos españoles de la última línea o el único deíctico espacial de la enunciación –“Desde aquí” (16)-, la proximidad social entre el autor y sus lectores.
La profundización en el estudio de esa deixis espacial y en la temporal nos permite establecer una doble dicotomía. Por un lado, en el terreno espacial, entre Mongolia y el lugar propio compartido por el autor y los lectores del artículo –referido explícitamente con el “aquí” de la línea 31-. En el ámbito temporal, la oposición se da entre un pasado, marcado como el tiempo de lo enunciado, y un presente de la enunciación. Veamos cuáles son sus referencias. Las que aluden exclusivamente al enunciado –es decir, al momento histórico de lo que se habla- son: “En 1921” (1); “tres años más tarde” (2); “Al cabo de unas décadas de supresión” (17); y “a partir de 1998” (27). Frente a ellas tenemos otras que vinculan el tiempo de los acontecimientos con el tiempo de la enunciación –es decir, con el momento en que se escribe el artículo-. Son las siguientes: “aún hoy” (8) “Y ahora” (8); “hace solo un año, gracias a una ley que se aprobó hace cinco” (26 y 27); “Pero setenta y cinco años son muchos años” (29-30); “los revolucionarios de hace tres cuartos de siglo” (34); “en estos últimos cinco años” (37); y “su familia tuvo hasta hace setenta y cinco años” (42-43).
Una simple suma de 1924 (la fecha de prohibición de apellidos) y estos setenta y cinco nos dan el año en que se escribió y se publicó el artículo: 1999.
Como corresponde a un texto no muy modalizado, con escasez de marcas deícticas personales, la expresión de impersonalidad es muy abundante, y los procedimientos utilizados para ello son varios. En primer lugar, la construcción en tercera persona del plural sin sujeto explícito: “y para celebrarlo, en vez de tirar cohetes, decidieron prohibir los apellidos” (3 y 4); “consideraban que los ciudadanos debían olvidar...” (4 y 5); “y ahora se han dado cuenta de que” (8). Otro recurso es la omisión de verbos en forma personal: “Para cortar el hilo sutil que liga a padres, abuelos, bisabuelos y así, nada mejor que acabar con los apellidos”. (6 y 7). Y por último, las construcciones con “se” impersonal: “A tal efecto se ordenó a los ciudadanos que buscasen el apellido de sus antepasados” (28 y 29); y “se vio que el impacto de ciertas enfermedades genéticas era cada vez mayor” (17 y 18).
Sin que se puedan considerar impersonales desde el punto de vista sintáctico, considero importante remarcar la presencia de numerosas oraciones con sujeto de significado abstracto o colectivo, ya que contribuyen a dotar al texto de un tono de impersonalidad: “la revolución estableció un gobierno comunista” (1); “el país se proclamó república popular soviética” (2); “la mitad de los mogoles sólo tiene nombre” (8); “Por todo eso las autoridades han dado marcha atrás”(21); “El índice de criminalidad se ha estancado” (25); y “A los que no consigan encontrar su antiguo apellido, la ley les permite escoger uno nuevo” (38 y 39).
De todos los procedimientos señalados, es este último, de tipo semántico, y el de las construcciones con “se” impersonal los que se asocian más claramente a la transmisión de datos puntuales y a la conformación de un tono de objetividad que, matizado por esas marcas de modalización que ya hemos comentado, domina en el texto.
A lo largo de lo que llevamos de comentario hemos analizado una serie de fenómenos que permiten establecer entre los enunciados una especie de entramado que asegura la cohesión del texto. En este último apartado vamos a analizar los recursos semánticos y sintácticos de cohesión más rentables que se dan en el artículo de Monzó. Empezaré con los semánticos. En el texto se verifican prácticamente todas las relaciones léxicas básicas: sinonimia: “familia” (42) / “linaje” (40); “relaciones” (18)/ “vínculos” (20). Sinonimia textual: “Mongolia” (2)/ “el país” (2); “disposición” (21)/ “ley” (26). Antonimia: “dificultades” (13), frente a “ventajas” (16). Relaciones de hiponimia e hiperonimia: “padres, abuelos, bisabuelos” (6-7) hipónimos de “antepasados” (6). Más llamativas resultan las repeticiones de sustantivos, especialmente la de “apellido”, que, tanto en singular como en plural, aparece catorce veces a lo largo de todo el texto; “años”, seis veces; “país” tres veces; “ciudadanos” otras tres. Pero, sin duda, el recurso que contribuye a cohesionar más el texto es el de la formación de campos léxicos conceptuales. Tenemos dos, uno referido a la política y otro a las relaciones familiares. En el primero tenemos: revolución, gobierno, comunista, república, popular, soviética, países, órbita, clase social, organización, país, ciudadanos, funcionaria, censo, autoridad, disposición, han decretado, índice de criminalidad, carnets de identidad, ley, Estado, reaccionarios, revolucionarios, héroe nacional. Y en el otro: antepasados, padres, abuelos, bisabuelos, novia, apellidos, nombre, árboles genealógicos, vínculos de sangre, linaje y familia.
Como es lógico en un texto elaborado, también encontramos en él procedimientos de sustitución. Sin ánimo de ser exhaustivo señalo las anáforas siguientes: “y para celebrarlo” (3); “A tal efecto” (28) y “¿quién va a recordarlos?” (33). Catáforas, en cambio, no se dan. Elipsis, sí: “consideraban que los ciudadanos debían olvidar” (5); “Lo primero que han constatado es que los que ya vuelven a tener apellidos” (22-23); y “Harto de no dar con el apellido que su familia tuvo” (43), por citar sólo unas pocas.
En el estudio de la estructura hemos visto cómo el texto se organiza como la exposición de unos hechos que se constituyen en causa de los siguientes y, al mismo tiempo, como consecuencia de los anteriores. Es lógico, pues, que los conectores sintácticos supra-oracionales reflejen esa relación lógica. Así, tenemos: “Es por eso” (8); “Veremos por qué” (16); “Por todo eso” (21). En una ocasión la relación causal entre oraciones se expresa no con un nexo, sino con un sustantivo que semánticamente implica ese valor: “el motivo era” (18). En otra, se elide el conector, las oraciones aparecen yuxtapuestas, y la relación de causalidad queda implícita: “pero tiene su lógica: si la generaciones se suceden en un ambiente [...]” (31).

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