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martes, 16 de noviembre de 2010

Decir ¡No!

Decir ¡No! (sobre el rechazo de Santiago Sierra al Premio Nacional de Artes Plásticas)


Creo que una de las lecciones más difíciles que debemos a nuestros alumnos (y a nosotros mismos) los profesionales de la educación es la del inconformismo, porque es una actitud que nace del espíritu crítico y al mismo tiempo lo alienta, cimentando el progreso de la sociedad sobre bases más sólidas que la de la rentabilidad en caja. Quizás en un plano doméstico tengamos a mano ejemplos de esa actitud que nos reconcilien con el prójimo y con el mundo, pero no es frecuente encontrarlos entre quienes asoman por las páginas de los periódicos o las pantallas del telediario. Por eso, cuando he oído en la radio la declaración de Santiago Sierra en la que rechaza el premio del Ministerio de Cultura me he venido al ordenador a expresar mi admiración por la integridad de quien con ese gesto se reafirma como artista y se aleja del rebaño de bufones que suele pastar al socaire de premios, subvenciones y palmaditas.

Aquí van sus palabras:
"Madrid, Brumaire 2010
Estimada señora González-Sinde,
Agradezco mucho a los profesionales del arte que me recordasen y evaluasen en el modo en que lo han hecho. No obstante, y según mi opinión, los premios se conceden a quien ha realizado un servicio, como por ejemplo a un empleado del mes. Es mi deseo manifestar en este momento que el arte me ha otorgado una libertad a la que no estoy dispuesto a renunciar. Consecuentemente, mi sentido común me obliga a rechazar este premio. Este premio instrumentaliza en beneficio del estado el prestigio del premiado. Un estado que pide a gritos legitimación ante un desacato sobre el mandato de trabajar por el bien común sin importar qué partido ocupe el puesto. Un estado que participa en guerras dementes alineado con un imperio criminal. Un estado que dona alegremente el dinero común a la banca. Un estado empeñado en el desmontaje del estado de bienestar en beneficio de una minoría internacional y local.
El estado no somos todos. El estado son ustedes y sus amigos. Por lo tanto, no me cuenten entre ellos, pues yo soy un artista serio. No señores, No, Global Tour.
¡Salud y libertad!
Santiago Sierra"


Hace ya días que venía dando vueltas a esta fotografía que encontré en un artículo en internet. Se trata de un hombre que, en medio de un ambiente sofocante de enaltecimiento nazi, se cruza de brazos, negándole el saludo a Hitler. Su nombre es August Landmesser y su gesto hermoso de inconformismo se dio en la botadura del Horst Wessel (hoy buque escuela de la marina alemana) el 22 de abril de 1936, en los astilleros de Hamburgo.
Me ha dado mucho que pensar esta fotografía. Por ejemplo, me pregunto dónde hubiera estado yo. Y esta pequeña fantasía me produce algo de vértigo. Sin embargo, me reconforta el convencimiento de que los gestos de Sierra y de Landmesser pueden hacer que hoy no levante el brazo tanta gente.
Ricardo Signes

4 comentarios:

  1. Sentir descontento frente a lo impuesto parece un fenómeno típico de la juventud. Quizás con los años, ese malestar social deja paso a otros malestares personales que nos atormentan y debilitan más.
    Es paradójico cómo al crecer, disminuye también nuestra fuerza y pasamos a practicar nuestra rebeldía en lamento sin lucha o queja disfrazada de comodidad.
    Demostrar nuestra fuerza moral ante cualquier forma de abuso , contexto alienante o represión de nuestra libertad no debiera marchitarse en la madurez sino fortalecerse con la experiencia y -en algunos casos- con la sabiduría que acompaña a la edad.
    Pero rebelarnos ante algo, supone entrar en conflicto con nosotr@s mism@s y nuestra conducta debe reflejar también una libertad que no siempre nos conviene exteriorizar...
    Ser inconformista es bueno para la salud y aunque nunca haya estado de moda, sea poco pedagógico recomendarlo o muy peligroso practicarlo, sí serían necesarios cinco minutos de inconformismo diario para estar en forma. Y si hemos olvidado cómo hacerlo, nuestro alumnado nos pondría al día enseguida ,¿a que sí?. Un abrazo inconformista, Mila.

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  2. Tu observación sobre la pérdida de energía rebelde me hace pensar en lo complicado que se nos hace a medida que crecemos el uso de la expresión "¡no!" y me trae a la memoria un excelente cuento de Rafael Dieste que va de un niño que nace viejo y a medida que pasa el tiempo rejuvenece (hay una película reciente sobre lo mismo, pero no la he visto). Gracias: tu comentario completa y mejora el artículo.

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  3. Pues vaya. Usted compara la pataleta de un artista rebosante de ego que lo peor que va a sufrir por su acto es aguantar la bronca de su mujer por no haber cogido la pasta del premio con la de un hombre que vivió en un estado totalitario que destruyó a su familia entre varios millones de personas! En el primer caso hace falta tener arrogancia juvenil, pero en el otro caso solo sirve tener valor, coraje y más valor. Poner en el mismo plano a ambos es un insulto a la memoria de un hombre valiente y a todas luces justo. Y claro, no estoy hablando del artistilla.

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    1. Gracias por su comentario y por su indignación, amigo anónimo.

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