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jueves, 7 de octubre de 2010

Silencio y literatura



Silencio y literatura (1)



Como hace mucho que mis ciberconocidos no saben de mí, corre por ahí el bulo de que estoy muerto. Tranquilos, no hay prisa. Lo que pasa es que Elvis, el protagonista macarra de mi novela "Zapatos de ante azul" -novela que da título a mi blog- me tenía tan vampirizado, que he tenido que echar el freno y poner candado a mi espacio, porque si no, ya me veía en jumpsuit en el instituto, con un buen flequillo empapado de Grecian 2000 y unas gafas modelo pullmantur, y, claro, aunque yo no me tengo mucho respeto y sé que a menudo me paseo por el borde de la esquizofrenia, tampoco es cuestión de pregonar mis carencias a quien quiera y a quien no quiera oírlas. O sea, que he dejado mudo el blog una temporadita. Lo cual, no obstante, no ha impedido a algunos desconocidos apuntarse como seguidores: muchas gracias, majetes, si es que llegáis a leerme en este rincón, espero que no, más que nada para no desairarlos, porque parece que esa fidelidad a un blog vacío es como una reivindicación del silencio, y estas palabras precisamente lo están rompiendo, el silencio, se entiende. Y yo el silencio lo respeto mucho, en serio. De hecho, cuando se me acerca alguien totalmente confundido acerca de mis cualidades de escritor a pedirme algún consejo sobre este oficio solitario le repito mi canon, que por lo menos es breve. Consta de dos artículos. Primero: "Aguántate y no escribas nada". ¿Para qué, si lo que vas a decir ya lo ha dicho otro antes y mejor que tú? Y así salimos ganando todos en árboles y tiempo. Segundo: "Si no puedes aguantarte más y vas a estallar de tantas palabras e ideas, entonces puedes saltarte el primer artículo".

4 comentarios:

  1. "Suceda lo que suceda, aún en los días más borrascosos, las horas y el tiempo pasan", William Shakespeare.

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  2. Sin duda es así, pero lo malo es que igual pasamos nosotros, que estamos hechos de horas y tiempo.

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  3. Llegará un momento, Ricardo, en que Elvis te tirará de los pelos y, aunque, te resistas a llevar el cabello engominado y los pantalones ajustados, ese Elvis que permanece en tu subsconsciente abandonará el silencio a través de una cancioncita extemporánea o de algún tic delator de los años cincuenta o sesenta, tipo el dúo dinámico. En ese caso tendrás dos soluciones: o asesinar a ese pequeño miniyo que llevas dentro o vestirte de Elvis macarra, como en aquel artículo tuyo en el que aparecía el mister Hyde elvisiano que muchos llevamos dentro. Por cierto, te puedo anunciar los primeros síntomas: ¿Te has comprado una guitarra? ¿De qué color son tus zapatos? ¿Suena tu voz más melodiosa? ¿Has visto últimamente "Fiebre del sábado noche". Te lo advierto, no la veas, puede ser fatal.

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  4. En escritura musical el silencio es un suspirar que capta la atención con una intención prefijada, un silencio que crea expectativas, interrumpe y también engarza. Pero cuando la composición se inicia con un silencio o éste ocupa los tiempos fuertes, se produce un contratiempo que sitúa al silencio en un estado de indecisión -como si fuera el Vacío o la Nada-
    Sólo hay que seguir escuchando, sin prisa,a que el sonido se inicie de nuevo,dejando que las indecisiones del autor vayan cobrando forma, se liberen de su memoria, de sus gustos o emociones y nos conduzca al verdadero centro del silencio que es aquel que acalla para abrirse a todos los sonidos...Tus silencios, mi querido amigo, son un gran suspiro preludio de lo que escribirás "cuando no puedas aguantarte más y estalles de tantas palabras e ideas..." Mila

    Mi nuevo blog de aula:
    http://leeryescribirensecundaria.blogspot.com/

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